martes, 16 de marzo de 2010

Agravio a Calderón

El triple asesinato de personas vinculadas con el consulado de Estados Unidos en Juárez no solo reforzó la injusta idea de que se trata de “la ciudad más violenta del mundo”, sino que originó, a consecuencia de la nacionalidad de los ejecutados, la intervención de agentes del FBI y la DEA en territorio mexicano.

Este hecho revivió fantasmas que creíamos superados. La palabra “injerencia” ha resurgido con fuerza en boca de nacionalistas trasnochados. Estos chauvinistas del siglo XX, pero que viven en el siglo XXI, alegan que la presencia de los agentes de extranjeros viola la soberanía nacional y que Estados Unidos sufre las consecuencias de no haber frenado a tiempo la venta ilegal de armas

La participación de los gringos en la investigación de los homicidios no es para ocupar territorio mexicano, ni mucho menos para apoderarse de nuestro petróleo, sino para coadyuvar a que no prevalezca la impunidad, por lo menos en ese crimen.

Ya hemos visto que las incontables ejecuciones que realizan las bandas del crimen organizado son raramente castigadas. No pasa un día sin que nos enteremos de una matanza en alguna parte del territorio nacional. La inmensa mayoría de los sicarios transitan libremente por el territorio nacional, sin que la policía los moleste, ya sea por ignorancia, por miedo o por complicidad.

Afortunadamente, la mayoría de los mexicanos le han perdido el miedo a la colaboración entre dos países para enfrentar un grave problema común: el narcotráfico. La sola posibilidad de que los asesinos sean atrapados justificaría la presencia temporal presencia de los agentes.

Ya lo decía ayer Manlio Fabio Beltrones: un asunto transnacional, debe ser atacado con el esfuerzo transnacional. “El tema debe ser abordado en una lógica de la seguridad regional. Implica compromisos que deben hacer en los Estados Unidos para controlar la venta indiscriminada de armas, que son vendidas en México, como también mucho de nuestro esfuerzo para no dejarla pasar”, dijo el senador del PRI.

Y remató con un axioma: “no es nada más tarea del gobierno norteamericano el darnos resultados, en no vender tantas armas, sino nosotros también poner una especial atención en las aduanas mexicanas, que están siendo una coladera de armas”

EL triple homicidio es no solo un desafío directo, sino un agravio al presidente Calderón, quien ya visitado tres veces la fronteriza ciudad en las últimas seis semanas. Su estrategia de combate al narcotráfico es cada vez mas cuestionada.

Las intenciones son inmejorables, pero los resultados dejan que desear. Desde que le declaró la guerra al crimen organizado, hace ya tres años, ha habido casi 18 mil muertos en todo el país. Sólo en Juárez los muertos han sumado más de 500 en lo que va del 2010. Se impone, pues, una revisión de la estrategia.


Fin

martes, 9 de marzo de 2010

El pacto de los pinochos

El escandaloso del pacto anti-alianzas que suscribieron los presidentes del PRI y el PAN, con el titular de Gobernación y el secretario de gobierno del Estado de México como testigos de honor, ha quedado como constancia del poco respeto que los firmantes del documento tienen por los estatutos de su partido, por sus respectivas militancias y, sobre todo, por la ciudadanía.

No solo se trató de blindar la candidatura presidencial del gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto, quien aparece como el beneficiario visible del criticado pacto, sino que hay otra parte, la que interesaba al PAN y al gobierno federal , que no quedó plasmada en el documento exhibido, y de la que los priistas no se quieren ni acordar.

No hay que olvidar que en su acto de “mea culpa”, realizado en un par de entrevistas publicadas por la prensa escrita hace ya algunas semanas, Fernando Gómez Mont reconoció que el acuerdo se firmó contra el compromiso del PRI de respaldar la Ley de Ingresos y su carga de nuevos impuestos que hoy pagamos los mexicanos.

Peor aún. Gómez Mont suscribió como testigo de honor este acuerdo que contraviene el espíritu de imparcialidad que cualquier funcionario, sin importar su rango, debe observar en cuestiones electorales.

El resbalón no pasó desapercibido en la izquierda. Jesús Ortega, dirigente nacional del PRD; Ricardo Monreal, coordinador de los senadores del PT; y Manuel Camacho Solis, coordinador del DIA, ya comenzaron a ejercer presión para que el IFE y el TEPJF tomen cartas en el asunto.

“El secretario de Gobernación, el secretario de Gobierno y el gobernador del Estado de México han incurrido en una clara violación de la ley. Ese hecho colocará a los consejeros del IFE, y en su caso a los magistrados del Tribunal Electoral, en la necesidad de mostrar su autonomía o, desde ahora, poner en riesgo la confianza en las autoridades que organizarán y sancionarán las próximas elecciones presidenciales”, escribió Camacho Solís, en su semanal colaboración para El Universal.
* * *
Los primeros sondeos dan cuenta de que el firmante más perjudicado por el escándalo es Cesar Nava. El bisoño líder nacional del PAN tuvo, en las primeras 48 horas, entre 150 y 200 mil impactos negativos en tweeter, según expertos en la materia consultados por este reportero.

La encuesta de María de las Heras (Milenio 08-03-10) va en el mismo sentido: un 52 por ciento de los interrogados considera que Nava se vio “peor” que Beatriz Paredes en este asunto. Inicialmente, ambos negaron públicamente la existencia del pacto. Es decir, quedaron como unos mentirosos.

Por si fuera poco, el abortado acuerdo tenía como fecha de vencimiento el 31 de julio del 2011. Nava deja la presidencia del PAN en el 2010. Es decir, el jefe nacional del azul comprometió la política de alianzas de su partido más allá del período en el que termina su interinato.

Las mentiras han sido la constante en el desarrollo de todo este asunto. Gómez Mont y Nava han declarado que Felipe Calderón, jefe de ambos, no fue informado o “no sabia” del contenido de los acuerdos con el PRI. Los dos están firmes en sus cargos, a pesar de que, oficialmente, le vieron la cara al presidente de la República. Paredes y Peña Nieto niegan rotundamente que el pacto anticoaliciones, que abarcaba también el estado de Oaxaca, se haya firmado contra el incremento al IVA. ¿Y entonces a cambio de qué?

martes, 2 de marzo de 2010

El cálculo de Felipe

Cualquiera diría que a César Nava le vale gorro lo que Felipe Calderón piense de las alianzas. El jefe nacional del PAN ha aparecido en sendas fotografías levantando el brazo de los ex priistas José Rosas Aispuro, en Durango, y Rafael Moreno Valle, en Puebla, y del obradorista Gabino Cué, en Oaxaca. En la misma grafica sale, alzando el otro brazo de los candidatos, el perredista Jesús Ortega.

Lo paradójico es que el Presidente de la República se declara preocupado por las alianzas con los diferentes. La semana pasada admitió, en una inusual conferencia de prensa, que estas desdibujan a los partidos, fomentan la confusión, y propician muchos mayores riesgos de confusión ideológica. Las justificó, sin embargo, con el argumento de que “son decisiones del partido”.

Nadie que conozca un poco a César Nava se atrevería a suponer que esa independencia de criterio hacia el presidente de la República es real. Este reportero lo ha escuchado decir, de viva voz, que él hace “lo que mi jefe me dice”. Y su jefe no es otro que el presidente de la República. Es poco menos que impensable no le haya pedido permiso a Felipe para coligarse con quienes lo han llamado “espurio”.

El caso de Fernando Gómez Mont es similar. El secretario de Gobernación declaró, en sendas entrevistas, que no le avisó al inquilino de Los Pinos de los abortados e indignantes enjuagues que hizo el PRI, en noviembre del 2009: el apoyo de sus legisladores a la subida de impuestos, incluida en la Ley de Ingresos para el 2010, a cambio del compromiso de no hacer alianzas en contra del tricolor.

En otra parte del mundo, el primer mandatario hubiese puesto de patitas en la calle a cualquiera de sus ministros que le hubiesen ocultado un asunto de esa dimensión. Calderón, por el contrario, salió a defender al titular en Bucareli. “Es el Secretario de Gobernación; tiene mi confianza para desempeñar ese cargo. No me queda ninguna duda de su honestidad personal y política; y de la lealtad a sus propias convicciones y a este gobierno también”, dijo en la misma rueda de prensa.

El aparecer rebasado por su secretario de gobernación, o por el jefe nacional del partido que lo llevó a Palacio Nacional, en nada favorece la imagen del presidente Calderón. Es difícil de creer, conociéndolo como es, que se haya dejado engañar, por omisión, o que haya dejado pasar la alianza con los “legítimos”, por un asunto de sana distancia con su partido.

Lo que parece, en los temas de las coaliciones y de su claro distanciamiento con el PRI, es que se impuso el cálculo electoral, a costa de la alianza que mantuvo con el tricolor en la primera parte de su sexenio. En los criterios del gobierno federal, y de su partido, es imperativo arrebatar enclaves al tricolor, para evitar que vuelva a meter a Benito Juárez en Los Pinos.